“No quiero que mis hijos sigan tomando agua contaminada.”

Por Stalin Lenin Andino Martinez, Coordinador de Proyectos Comunitarios

Johana López y su hijo de 7 años empezaron la caminata de 3 horas desde el pueblito de San Rafael a la comunidad de Apantillo, en Matagalpa bajo el sol de mediodía. Iban sobre suelo fangoso, cruzando quebradas y veredas rocosas e inclinadas.

Johana llevaba en su mano derecha una vara que le servía de bastón y le ayudaba a mantener el balance que necesitaba para no caerse. Para la joven madre, no era fácil recorrer grandes distancias por su estado: Un bebé se formaba desde hacía seis meses en su vientre, pero ella tenía un motivo que la impulsó a emprender ese agitado viaje.

“Bebimos agua contaminada por años hasta que obtuve mi filtro”

“Los voluntarios de Fundación AMOS llegaron el martes a instalar el filtro de agua en mi casa, pero yo no estuve ahí para recibirlos. Me sentí triste porque ellos habían caminado bajo sol por varias horas y decidí ir hasta donde ellos para obtener mi filtro de agua. Sabía lo importante que era para mis hijos empezar a tomar agua limpia, entonces no lo pensé dos veces cuando decidí caminar por tres horas hasta donde ellos se quedaban sin importar las subidas y bajadas en las lomas’’, expresó Johanna, una de las 250 personas beneficiadas por el programa de agua limpia que AMOS desarrolla con apoyo de grupos de servicio en la comunidad de Apantillo.

Por muchos años, Johana, su esposo y sus hijos de 6 y 7 años han bebido agua de un río cercano localizado a 15 minutos de su casa. Su historia es similar a la de muchas familias de Nicaragua que viven en comunidades rurales y que no tienen acceso a agua potable. “Tomábamos agua de ese río porque aquí no hay otra alternativa”, comenta con tristeza Johana al recordar los resultados obtenidos de una prueba de agua realizada por miembros de AMÓS en conjunto con el comité de salud de Apantillo, en donde se encontró materia fecal en el líquido que por muchos años bebieron.

Hoy, la familia que antes bebía agua contaminada, tiene su propio filtro de cerámica en casa, el cual les permite filtrar entre 20 a 40 litros de agua por día. El proceso para obtener agua filtrada es impresionante: Sólo deben echar la misma agua del río en un colador donde quedarán las partículas más grandes de suciedad o basura; luego, en un primer recipiente que conecta la cerámica o candela con un segundo balde inicia el proceso de purificación y filtración. El filtro es poroso y las partículas de plata impregnadas en él eliminan las bacterias fecales y microbios más comunes que provocan diarrea y otras enfermedades. El final es asombroso: ¡Agua limpia para Johana y su familia!

Esperanza para los más vulnerables

El compromiso y amor de Johana por su familia es inspirador. Ella llegó hasta donde el personal de AMÓS y la delegación estadounidense estaban ese día con un rostro agotado por la larga caminata. Sin embargo, cuando el grupo de AMOS regresaba de instalar más filtros de agua en otro sector alejado de la comunidad de Apantillo ella se puso de pie alegre y se acercó para darnos la calurosa bienvenida que caracteriza a la gente que vive en el campo. Sin duda, Johana sabía que beber agua limpia lo más pronto posible mejoraría su salud, la de su bebé y de sus hijos.

“No quiero que mis hijos, ni el niño que daré a luz, se me mueran por seguir tomando agua contaminada”, comentó Johana con lágrimas en sus ojos, visiblemente emocionada y agradecida.

“Ustedes ayudan a las personas más necesitadas y sobretodo a las madres para evitar que los niños se mueran. Les doy las gracias por todo lo que hacen, y Dios los bendecirá por su bonito trabajo y por darnos salud y esperanza en estos días difíciles’’, concluyó.

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